"LA BIBLIOTECA SECRETA" DE MURAKAMI

Si tenemos que imaginar el sótano de una biblioteca no se nos viene a la mente una mazmorra ni que sea el hábitat de personajes surrealistas temerosos de un viejo bibliotecario. A este mundo subterráneo nos transporta el escrito japonés en su cuento La biblioteca secreta (publicada originalmente en 1983). Luego de que el personaje, un dócil escolar, visitante recurrente de la biblioteca pública y curioso lector, pidiese textos sobre un tema singular (recolección tributaria en el imperio otomano), el viejo bibliotecario le permite leer el material que ubicó para él y que no podía abandonar las instalaciones en una escondida sala de lectura. Esta se ubicaba en las entrañas de la biblioteca.

Con esta treta, el viejo bibliotecario cumple su objetivo de secuestrar al joven lector, quien queda bajo el cuidado de un surreal carcelero y una chica sin voz. En su estadía el personaje debe descubrir los motivos de su detención y planear una fuga para poder ir a casa donde su preocupada madre lo debe estar esperando.



Un elemento constante del relato -cuya versión en español está disponible, con la traducción de Lourdes Porta, en la editorial "Libros del zorro rojo"- son las nuevas zapatillas que constamente usa el personaje. Con ellas, y su ruido chilloso, penetró al recinto que, aunque familiar, sería el teatro de su pesadilla. Estas mismas las debió dejar atrás para poder escapar de su secuestro. El personaje pierde no solamente su calzado, sino, por esta traumática experiencia, no vuelve a pisar la biblioteca.

"La biblioteca secreta" es un texto inquietante si lo miramos en la importancia de cultivar una relación larga y fructífera entre jóvenes lectores con una biblioteca pública. Bien los bibliotecarios podrán ver en el relato kafktiano de Murakami una obra de terror y harán todo lo posible de alejarse de esa imagen. Quizá sin esa intención, el autor coloca a la biblioteca como un lugar donde no solamente podemos recoger y devolver conocimiento en forma de libros, sino que puede jugar un rol clave de nuestras ficciones y volverse su hogar. Intentaremos fugarnos, como solemos hacerlo con nuestros traumas, pero sabemos que debemos regresar para confrontarlos.


Entrada n° 480. 

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